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  • Fecha Última actualización: 14/05/2015
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Errenteria

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La aparición del hombre 

Algunos restos faunísticos de Aitzbitarte IV encontrados a finales del siglo XIX
Algunos restos faunísticos de Aitzbitarte IV encontrados a finales del siglo XIX
Las glaciaciones.

Mientras que durante el terciario el clima era cálido, e incluso tropical, en el noreste de Gipuzkoa, la llegada del Cuaternario supone la llegada de un clima más frío, al producirse varias glaciaciones. En cada período glaciar se formó un inmenso casquete glacial en el norte de nuestro hemisferio. Tal cantidad de hielo, que llegó a cubrir a la actual Berlín, se acumuló a expensas del agua del mar. Hace 20.000 años, durante la última glaciación, el nivel del mar bajó más de 100 m. y la línea de la costa se encontraba alejada una decena de kilómetros de la costa actual.
Durante la última glaciación el clima era en general frío y seco, pero tuvo algunas fases algo cálidas y otras más frías. La vegetación de Gipuzkoa en las fases frías era muy parecida a una estepa. Estaba formada por plantas herbáceas, a las que acompañaban algunos bosques de pinos en las zonas más bajas y soleadas. En esta vegetación se acomodaron distintas especies que hoy viven en el norte de Europa como el reno, marmota, perdiz nival, liebre y zorro ártico. También lo hicieron otras de gran tamaño, ya desaparecidas, como el mamut, bisonte, rinoceronte lanudo y oso de las cavernas. Pero eran más abundantes las especies templadas como el jabalí, ciervo, sarrio, cabra pirenaica, lobo, zorro, liebre, e incluso la hiena. Sobre todo en las fases más cálidas en las que la vegetación contaba también con avellanos, robles y alisos.

Cuevas de Aitzbitarte III (inferior) y IV (superior)
Cuevas de Aitzbitarte III (inferior) y IV (superior)
AITZBITARTE:
El hombre prehistórico en Errenteria.
 

Hace 24.000 años, en una fase fría de la glaciación, un grupo humano deambulaba por el noroeste de Gipuzkoa. Estos cazadores avistaron unas cuevas en una pequeña colina que hoy llamamos Aitzbitarte. Las cuevas eran amplias y secas, estaban orientadas al suroeste, justo bajo ellas corría un riachuelo y la colina era un buen punto de observación de posibles presas, de modo que decidieron guarecerse en ellas.
Este primer grupo que se asentó en Aitzbitarte, en la cueva llamada Aitzbitarte III, pertenecía a la cultura Perigordiense, por el tipo de herramientas de silex que se han encontrado en las excavaciones. Con ellas aprovechaba los restos de bisonte, que eran su principal sustento, junto con ciervos y renos. Además de la caza de mamíferos y aves, practicaría una recolección de todo tipo de alimentos vegetales, cuyos restos no se han conservado.
A estos grupos Perigordienses siguieron otros que comienzan a instalarse en la cueva superior, Aitzbitarte IV. Pertenecían a la cultura Solutrense, hace unos 18.000 años, y cazaron ciervos y sarrios, acompañados de bisontes, caballos y cabras pirenaicas. 2.000 años más tarde, y hasta hace unos 10.000 años, Aitzbitarte IV es ocupada por la población Magdaleniense, gentes que continúan cazando los mismos animales que sus antecesores. Pero sus útiles varían, principalmente los realizados en hueso. Abundan los arpones, agujas y azagayas, que en muchos casos están decorados mediante variadas incisiones. También nos han legado un canto de arenisca en el que se encuentra grabada la cabeza de un ciervo.
 

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El fin de la glaciación y el abandono de Aitzbitarte.

Hace menos de 10.000 años el inmenso casquete de hielo del hemisferio norte comenzó a fundirse, se iniciaba el Holoceno, el período en el que nos encontramos. Aumentaron la temperatura y las precipitaciones: la última gran glaciación tocaba a su fin. El nivel del mar ascendió y fue erosionando la antigua costa hasta definir la que ahora conocemos. La subida de nivel del mar también provocó la formación de estuarios, al inundar los antiguos valles fluviales, como es el caso de Pasaia. De este modo quedó configurado el relieve actual.
La cercanía del mar permitió al grupo magdaleniense de Aitzbitarte de esta época la recogida y consumo de moluscos. Sobre todo a quienes les sucedieron de la cultura Aziliense que acompañaron la caza de ciervos y sarríos con el consumo de lapas, mejillones y ostras.
Con la población aziliense, y tras cerca de 20.000 años de ocupación humana, las cuevas de Aitzbitarte son abandonadas. La mejora climática permite a la especie humana no depender de las cavernas como único refugio y salir a descubrir un medio que tras la glaciación había cambiado profundamente.
 


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